Sus padres le dijeron “contigo sería tirar el dinero” y pagaron la universidad de su hermana; años después, frente a millas de personas, ella subió al escenario con una beca dorada y los obligó a mirarla por primera vez, sin poder esconder su vergüenza.

hay que invertir donde más conviene.

Me quedé sentada en el piso, con la carta de admisión sobre las piernas. No lloré. O quizás sí, pero tan bajito que ni yo misma quise escucharme. Abrí mi laptop vieja, la que se calentaba tanto que tenía que ponerle un cuaderno debajo, y empecé a buscar becas, empleos nocturnos, cuartos baratos cerca del campus.

En una libreta hice cuentas hasta las 3 de la mañana. Tenía 12,400 pesos ahorrados de vender postres, cuidar niños y ayudar en una papelería los fines