de semana. No alcanzaba ni para empezar. Así que armé un horario absurdo: clases por la mañana, trabajo en una cafetería por la tarde, limpieza en oficinas por la noche, estudio de madrugada. Dormir sería un lujo.
Cuando me mudé, mi mamá me entregó una bolsa con 3 tuppers y una cobija vieja.
—Cuídate mucho —me dijo, como si con eso quedara saldada su obligación.
A Mariana la llevaron entre los 2 a la Ciudad de México. Le compraron maletas, una chamarra nueva, sábanas, un ordenador portátil y hasta un