bienes y documentar los intentos de manipularme.
También había conseguido dos evaluaciones médicas independientes. Una geriatra y un neurólogo confirmaron que conservaba mis facultades mentales.
—Elena, ahora necesitamos que siga actuando con calma —me advirtió—. No permita que la hagan perder el control.
A las diez, Ricardo apareció en la cocina.
—Mamá, tenemos que ir con el notario.
Lo acompañé.
Pero en lugar de firmar los documentos que Patricia había preparado, pedí al notario que revisara la escritura original y expliqué que sospechaba un intento de fraude.
Gabriela llegó con