tus acreedores!
Ricardo respondió algo que no alcancé a entender.
Me fui sin intervenir.
Veinte minutos después, mientras esperaba para pagar en el supermercado, recibí el mensaje que conté al principio.
«Vieja estorbosa, ya tiramos todas tus cosas a la basura».
Luego llegó la fotografía de Patricia.
Mi ropa estaba amontonada en la calle, junto con el abrigo que Julián me había regalado cuando cumplimos treinta y cinco años de casados.
Me dolió verlo allí.
Aquel abrigo todavía conservaba en uno de sus bolsillos un boleto de cine que habíamos