Mi hijo me mandó una foto de mis pertenencias en la basura y escribió: “Esa casa ya no es para ti, mamá”. Mi nuera llevaba semanas presionándome para firmar unos documentos, pero ninguno sabía que mi esposo había dejado una carta y un testamento. Mientras pagaba mis compras, le envié a ella un video de 36 segundos. Apenas lo vio, entendió que no solo podía perder la casa que pretendía quedarse…

paciencia.

La medida judicial que habíamos solicitado para impedir movimientos sospechosos sobre la propiedad fue concedida provisionalmente. También se notificaron los hechos a las autoridades competentes.

La casa ya no era una presa fácil.

Y fue entonces cuando Patricia decidió castigarme.

Aquella mañana salí a comprar harina y naranjas.

Sofía estaba a salvo en casa de don Manuel, como habíamos acordado. Gabriela sabía dónde encontrarme.

Antes de salir, escuché a Patricia discutir con Ricardo.

—¡Tu madre nos arruinó! ¡Si no recuperamos ese dinero, tú vas a tener que arreglártelas con