paciencia.
La medida judicial que habíamos solicitado para impedir movimientos sospechosos sobre la propiedad fue concedida provisionalmente. También se notificaron los hechos a las autoridades competentes.
La casa ya no era una presa fácil.
Y fue entonces cuando Patricia decidió castigarme.
Aquella mañana salí a comprar harina y naranjas.
Sofía estaba a salvo en casa de don Manuel, como habíamos acordado. Gabriela sabía dónde encontrarme.
Antes de salir, escuché a Patricia discutir con Ricardo.
—¡Tu madre nos arruinó! ¡Si no recuperamos ese dinero, tú vas a tener que arreglártelas con