pregúntele a su maravilloso hijo qué pasó con los noventa mil pesos que don Julián dejó ahorrados.
Sentí que la sangre se me iba a los pies.
Miré a Ricardo.
Él bajó la cabeza.
—Hijo… dime que ese dinero sigue en la cuenta.
No contestó.
—Ricardo, mírame.
Comenzó a llorar.
—Me lo gasté, mamá. Todo.
Aquellos noventa mil pesos eran nuestros ahorros para emergencias. Yo le había permitido ayudarme a administrar esa cuenta después de enviudar.
Él había utilizado ese acceso para sacar el dinero poco a poco.
Antes de