miró llorando.
—Mamá, no te pido que olvides. Solo quiero preguntarte si me permites sacar contigo la primera charola de pan.
Le tendí la mano.
Entramos juntos.
Cuando abrimos el horno, el aroma me recordó inmediatamente a Julián.
Por un instante sentí que estaba allí, sonriendo detrás de nosotros.
Sofía tomó una fotografía.
Hoy esa imagen está colgada junto a la caja registradora.
Ha pasado un año.
Café 36 tiene nueve empleados, siete de ellos mayores de sesenta años.
Ricardo sigue asistiendo a tratamiento y cumpliendo sus acuerdos de pago.