país, la justicia suele ser ciega para los ricos y sorda para 1 simple empleada doméstica.
El juez golpeó su mazo desesperado. “¿Hay más archivos en este teléfono, niña?”
Sofía tragó saliva. “Sí… pero Valeria me encontró y me quitó el celular. Lo recuperé apenas ayer en la noche.”
“¿Y cómo llegaste hasta aquí tú sola?”, preguntó el magistrado totalmente intrigado.
PARTE 3 — La segunda grabación”}
La página no tardó en revelar una verdad todavía más oscura.
Cuando el juez preguntó nuevamente por los archivos del teléfono, Sofía respiró profundamente