Mi hijo congeló todas mis tarjetas para que ni siquiera pudiera comprar comida… Pensó que ya controlaba nuestro imperio automotriz de 720 millones de pesos, hasta que una llamada del banco me reveló que él no tenía idea de quién seguía teniendo la última llave.

Pero las cuentas principales tienen restricciones especiales. Requieren su presencia, biometría y autorización verbal grabada. Sin eso, nadie puede moverlas.”

Cerré los ojos.

Tomás.

Doce años atrás, después de comprar la agencia de Querétaro, él insistió en crear un fideicomiso de fundadores. Yo me burlé de él.

“Pareces político escondiendo papeles”, le dije.

Él me contestó algo que nunca olvidé:

“El amor es una cosa, Betty. Los papeles son otra. Hay que proteger el trabajo incluso de la familia.”

En ese momento pensé que exageraba.

Ese día, desde la tumba,