donde Alejandro afirmaba que yo estaba “deteriorada mentalmente”.
Solté una risa seca.
“¿Mi hijo dijo que estoy loca?”
Ricardo no sonrió.
“Dijo que usted hacía compras impulsivas, que olvidaba pagos y que él actuaba para protegerla.”
Compras impulsivas.
Esa misma mañana me había dejado sin poder comprar comida.
Pedí llamar a mi abogada. No a la del grupo. No a la que Alejandro llevaba a las juntas. A la mía.
Marina Robles había sido amiga de Tomás desde que los dos no tenían ni para pagar un café decente. Era