aunque ya lo sabía.
“¿Y Fernanda?”
Marina señaló varias facturas.
“Su empresa de imagen cobró del grupo casi dieciocho millones en tres años. Consultoría, eventos, estrategia digital… pero no hay entregables claros. Y mira esto.”
Sacó una hoja marcada con amarillo.
Era una carta de intención para vender tres agencias a un fondo privado.
El comprador tenía como representante a un tal Rodrigo Castañeda.
El apellido me hizo ruido.
“¿Castañeda?”, murmuré.
Marina me miró fijo.
“¿Lo conoces?”
Me tardé unos segundos en recordar.
Rodrigo Castañeda era hermano de Fernanda.
Sentí