Mi hijo congeló todas mis tarjetas para que ni siquiera pudiera comprar comida… Pensó que ya controlaba nuestro imperio automotriz de 720 millones de pesos, hasta que una llamada del banco me reveló que él no tenía idea de quién seguía teniendo la última llave.

levantó una ceja.

“Beatriz, por favor. Todos sabemos que desde que murió Tomás usted se volvió muy emocional. Alejandro solo intentó ordenar el desastre.”

La miré sin parpadear.

“El desastre cobra facturas a través de tu empresa, Fernanda.”

Ella perdió color.

Marina mostró la primera hoja en pantalla. Pagos mensuales. Conceptos vagos. Eventos que nadie recordaba. Campañas digitales sin reportes. Dieciocho millones de pesos saliendo del grupo hacia una consultora que, según el SAT, operaba desde la misma dirección fiscal de la casa de Fernanda.

Alejandro empezó a hablar rápido.