“Eso fue aprobado. Todo fue aprobado.”
Don Ernesto, que había trabajado con Tomás desde la primera agencia, bajó la mirada.
“No por el consejo completo.”
Yo sentí algo romperse y acomodarse al mismo tiempo.
Durante años me hicieron creer que ya no entendía el negocio, que las juntas eran demasiado largas, que debía descansar, viajar, disfrutar a los nietos. Me fueron sacando poco a poco, con sonrisas y frases dulces.