el pan sabe a casa.”
Me tuve que apartar un momento.
No quería que nadie me viera con los ojos húmedos.
Desde entonces, ese dibujo está pegado detrás del mostrador.
Algunos clientes lo miran y preguntan quién lo hizo.
Yo siempre respondo lo mismo:
—Alguien que me recordó por qué sigo abriendo esta panadería cada día.
Porque uno cree que vende pan, empanadas y café.
Pero a veces vende algo más.
Un poco de respeto.
Un lugar donde nadie tenga que agachar la cabeza por ganarse la vida con sus