de abajo para leer la siguiente parte de la historia.
La semana después de colgar aquel dibujo detrás del mostrador, entendí que una bolsa de pan puede abrir una puerta que llevaba años cerrada.
No lo supe de golpe.
Lo fui viendo poco a poco.
Primero en la forma en que Miguel empezó a mirar el dibujo cada mañana.
Entraba como siempre, con las botas llenas de polvo, la chaqueta gastada y esa educación tranquila que parecía no hacer ruido.
—Buenos días, Andrés. Lo de siempre, por favor.
Yo le