El Panadero Que Defendió La Dignidad De Un Albañil Y Cambió Un Barrio

Solo una. Que no gastara más.

Yo la miré.

Tenía la misma dignidad de su padre.

Esa forma de pedir sin pedir nada.

Preparé una bolsa.

Metí dos porciones.

Luego añadí una barra pequeña de pan.

Lucía abrió mucho los ojos.

—No tengo para todo.

—Lo sé.

—Mi papá se va a enfadar.

—Entonces dile que una porción es para ti, otra para él, y el pan es porque hoy hice de más.

—¿Es verdad?

Miré las estanterías.

Quedaban barras, sí.

Pero no tantas.

—En una panadería siempre se hace