El Panadero Que Defendió La Dignidad De Un Albañil Y Cambió Un Barrio

de más para alguien —le dije.

No pareció del todo convencida, pero agarró la bolsa con cuidado.

Antes de salir, miró el dibujo.

—Le voy a hacer otro.

—Me encantará verlo.

Esa noche cerré más tarde.

No porque hubiera mucho trabajo.

Sino porque me quedé mirando la puerta.

Pensé en Miguel.

En su orgullo.

En su forma de no molestar.

Y pensé también en la mujer del abrigo claro.

La que había dicho que la gente de obra debía tener una fila aparte.

No había vuelto.

Y yo no la