El Panadero Que Defendió La Dignidad De Un Albañil Y Cambió Un Barrio

no puede venir.

Sentí un golpe en el pecho.

—¿Le ha pasado algo?

—Se cayó en la obra. No fue grave, pero tiene el pie mal. Dice que en unos días vuelve.

Respiré un poco más tranquilo.

—¿Y tú has venido hasta aquí sola?

—Vivo cerca. Mi vecina me acompañó hasta la esquina.

Miré por la ventana y vi a una mujer mayor al otro lado de la calle, esperando con una bolsa de la compra.

Lucía sacó unas monedas del bolsillo.

—Mi papá me dijo que comprara una porción.