dibujó a mí cerrando la panadería de noche.
En el dibujo, la luz seguía encendida por dentro.
—¿Por qué hay luz si está cerrada? —le pregunté.
Lucía se encogió de hombros.
—Porque las casas buenas no se apagan del todo.
No supe qué decirle.
Así que le di una napolitana pequeña.
Miguel me miró serio.
—Andrés.
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—Es pago por trabajo artístico.
—Siempre tienes una explicación.
—Y tú siempre finges que te enfadas.
Lucía se rió.
Y Miguel también.
Aquella risa, en él, era como escuchar