A los 56 años vi a mi esposo salir de un motel abrazando a mi nuera

que papá me la presentó dijo que trabajaba temporalmente con el equipo financiero, ¿recuerdas?

Asentí.

Nuestra empresa, Molina Distribución, había pertenecido a mi padre.

No éramos multimillonarios, pero durante cuarenta años había crecido hasta convertirse en una empresa sólida, con almacenes, contratos de transporte y decenas de empleados.

Cuando papá se retiró, me dejó la mayoría de las acciones.

Ricardo había llevado la administración diaria durante años.

Yo también trabajaba allí, aunque me ocupaba de proveedores y contratos.

Después de la muerte de mi padre, fui delegando cada vez más.