—Averígualo antes de que nadie dentro de la oficina reciba instrucciones de modificar archivos.
Aquella tarde convocamos una reunión extraordinaria del consejo.
No acusamos a Ricardo de robo.
Suspendimos temporalmente su autoridad individual sobre pagos mientras se realizaba una revisión interna.
Era una medida técnica.
Limitada.
Defendible.
A las cuatro y doce Ricardo me llamó.
No contesté.
A las cuatro y trece volvió a llamar.
A las cuatro y quince llegó un mensaje.
“¿Qué demonios estás haciendo?”
Lo leí.
Por primera vez en treinta y un años no sentí necesidad