A los 56 años vi a mi esposo salir de un motel abrazando a mi nuera

podía tener una vida estable. Que quizás era lo mejor para todos.

—Dios.

—Ella aceptó tomar un café conmigo para darle celos.

Me quedé en silencio.

—¿Eso te dijo?

—Sí.

—¿Y luego?

—Dice que conmigo se sintió segura. Que empezó a quererme de verdad.

Daniel se rio con amargura.

—Supuestamente.

—Hijo…

—Esperé seis meses para acostarme con ella.

No supe qué decir.

—Quería hacer las cosas bien. ¿Sabías?

—No.

—Porque ella me dijo que había tenido malas relaciones y que necesitaba ir despacio.

Me tapé la boca.

—Mientras tanto ya