A los 56 años vi a mi esposo salir de un motel abrazando a mi nuera

había estado con papá.

—Sí.

—Daniel…

—Y dos semanas después de que le pedí matrimonio, él volvió a buscarla.

Las lágrimas me cayeron sin darme cuenta.

No por mí.

Por mi hijo.

—Ella dice que intentó detenerlo.

—¿Le crees?

—No sé qué creer.

—¿Continuaron hasta la boda?

—Sí.

—¿Y después?

—Sí.

Silencio.

—¿La noche antes?

No sé por qué hice aquella pregunta.

Quizá porque algunas heridas exigen conocer su profundidad.

Daniel no respondió de inmediato.

—Sí.

Me senté.

—¿La noche antes de la boda?

—Papá la llevó a la casa