A los 56 años vi a mi esposo salir de un motel abrazando a mi nuera

condiciones.

—Entonces me quedaré estacionado.

Lo conocía.

Cuando era adolescente y estaba angustiado, necesitaba silencio antes de poder aceptar consuelo.

—Llámame dentro de media hora.

—Está bien.

Antes de colgar dijo:

—Mamá.

—Sí.

—¿Cómo hizo papá para mirarme durante la boda?

No tuve respuesta.

Al día siguiente descubrimos por qué Ricardo tenía miedo de que revisáramos la empresa.

Uno de los proveedores sospechosos estaba registrado a nombre de una mujer llamada Patricia Castillo.

El apellido me resultó familiar.

Laura Castillo.

Patricia era su tía.

Otra empresa utilizaba como dirección postal