a los que yo tenía acceso como presidenta, encontré algo peor.
Ocho meses antes, Ricardo me había enviado un documento.
“Plan de sucesión familiar.”
Recordé vagamente la conversación.
Daniel estaba comprometido.
Ricardo me había dicho que ya era hora de pensar en el futuro.
Su propuesta consistía en transferir una parte considerable de mis acciones a Daniel después de la boda e incorporar a Laura, que tenía experiencia administrativa, a un nuevo comité de gestión familiar.
Yo había aceptado estudiar la idea.
Ricardo insistió durante semanas.
—Así los jóvenes se