en la sala de juntas con Lucía y dos miembros del consejo.
Entró sin pedir permiso.
—Necesito hablar con mi esposa.
Uno de los directores, Samuel, lo miró.
—Estamos en reunión.
—Esto es un asunto familiar.
—Cuando incluye pagos de empresa —dije—, deja de ser solo familiar.
Ricardo se quedó inmóvil.
—Teresa.
—Siéntate.
—No me hables como a un empleado.
—Ahora mismo estás suspendido de tus facultades de firma como director mientras se revisan ciertas operaciones.
Su rostro se puso rojo.
—¿Qué operaciones?
—Consultorías.
—Son legítimas.
—Perfecto.
—¿Y por qué