contar eso.
—Daniel tenía más derecho a saberlo que tú a hacerlo.
Por primera vez perdió por completo el control.
Golpeó la mesa.
—¡Tú no sabes lo que fue vivir contigo!
La sala quedó en silencio.
Pensé que aquello debía doler.
Y dolió.
Pero no como él esperaba.
—Explícamelo.
—Siempre tu padre. Siempre esta empresa. Siempre tu apellido en la puerta. Yo he trabajado aquí treinta años y nunca fue mío.
Todo empezó a encajar de una manera que me produjo escalofríos.
—¿Esto era sobre la empresa?
—No cambies mis