A los 56 años vi a mi esposo salir de un motel abrazando a mi nuera

y aun así tener que terminar.

Daniel apoyó la cabeza contra la pared.

—Eso es horrible.

—Sí.

—Pensé que me dirías algo más inspirador.

—Tengo cincuenta y seis, no soy un libro de autoayuda.

Se rio.

Aquella risa duró más.

El divorcio con Ricardo tardó casi un año.

No porque hubiera duda sobre nuestra decisión.

Porque treinta y un años crean muchas cosas que separar.

Cuentas.

Propiedades.

Pensiones.

Seguros.

Muebles.

Objetos absurdos.

Discutimos, a través de abogados, por una mesa antigua que ninguno de los dos necesitaba.

Cuando Lucía me