A los 56 años vi a mi esposo salir de un motel abrazando a mi nuera

qué hacer con ella.

Lucía no respondió durante unos segundos.

—Eso te va a costar otra hora de honorarios emocionales.

Sonreí.

Vi a Ricardo cara a cara una última vez el día en que firmamos el acuerdo final.

Parecía haber envejecido diez años.

Yo probablemente también.

Después de firmar, los abogados salieron unos minutos para hacer copias.

Nos quedamos solos.

Ricardo miró la mesa.

—Treinta y un años.

—Sí.

—¿Nunca dudas?

—Sí.

Levantó los ojos, sorprendido.

—¿De verdad?

—Claro.

—Entonces todavía…

—No confundas duda con deseo de volver.

Su esperanza