A los 56 años vi a mi esposo salir de un motel abrazando a mi nuera

desapareció.

—¿Me odias?

Pensé antes de responder.

—No.

—Eso es peor.

—No lo digo para castigarte.

—Laura me dejó.

No comenté.

—Dice que la usé.

—¿La usaste?

Ricardo se recostó.

—Todos usamos a alguien alguna vez.

—No.

—Tú me usaste para levantar la empresa de tu padre.

Me quedé mirándolo.

Incluso después de todo, seguía necesitando crear equivalencias.

—Trabajaste allí treinta años, Ricardo. Cobraste muy bien. Tomaste decisiones. Tenías prestigio. Si estabas resentido, pudiste irte.

—Tenía una familia.

—Yo también.

Silencio.

—Nunca planeé enamorarme de Laura.

—Te creo.

Parpadeó.

—¿Me