vitales. Adriana también consiguió que se conservaran muestras para realizar análisis especializados.
Mientras tanto, Leticia ya había publicado mi fotografía con un moño negro en redes sociales.
Mi hija Valeria aparecía llorando entre sus brazos.
Quise llamarla inmediatamente.
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—Si esa mujer descubre que sigue vivo antes de que tengamos pruebas, puede intentar terminar lo que empezó —me advirtió Anselmo.
Las primeras pruebas rutinarias no identificaron ninguna sustancia sospechosa.
Sentí que todo se derrumbaba.
Entonces recibimos una noticia todavía peor.
Octavio había descubierto que mi cuerpo