el alcohol.
Gerardo fue cremado esa misma mañana.
—Desde entonces reviso personalmente a todos los que llegan —confesó—. No iba a permitir que volviera a suceder.
Me sacó por una puerta de servicio y me llevó hasta su pequeña casa en Tlaquepaque.
Su hija Adriana trabajaba en un laboratorio clínico. Cuando me examinó, descubrió que tenía el pulso anormalmente lento y signos de haber sufrido una intoxicación.
—Necesitamos atención médica y tomar muestras cuanto antes —advirtió.
Me llevaron discretamente a una clínica donde recibí atención y quedaron documentados mis signos