aquí.
Lloramos abrazados frente a la tumba de su madre.
Cuando consiguió tranquilizarse, le expliqué lo ocurrido. Le conté sobre la morgue, la cremación, las conversaciones que había escuchado y el anillo que Leticia me había quitado.
Mi hija comenzó a temblar de indignación.
—Esa mujer durmió conmigo después de tu muerte. Me abrazaba mientras yo lloraba. Me decía que ahora solamente nos teníamos la una a la otra.
Entonces abrió su bolsa.
Dentro estaba la copa de cristal, todavía envuelta en una servilleta del banquete.
—Quería quitármela —explicó—. Dijo