me dijo Adriana—, la cantidad que quedó en esa copa puede ayudar a explicar por qué perdiste el conocimiento. Necesitamos que un perito confirme todo, pero esto ya no parece un accidente.
Recordé el vino derramándose sobre mi camisa.
Aquel movimiento involuntario de mi amigo probablemente me había salvado la vida.
Sin embargo, había otra víctima cuya historia necesitábamos conocer.
Anselmo conservaba el teléfono de doña Socorro, la madre de Gerardo, el hombre fallecido tres años antes.
Cuando la llamamos y le explicamos lo ocurrido, tardó varios segundos en responder.