seguido un procedimiento parecido. Tras su muerte, consiguieron dinero de su patrimonio y desaparecieron.
En el departamento de Octavio encontraron documentación, identificaciones falsas y dos argollas masculinas.
Una era la mía.
La otra pertenecía a Gerardo.
Se la llevé personalmente a doña Socorro.
Cuando reconoció el anillo de su hijo, lo sostuvo entre las manos y comenzó a llorar.
Meses después, los peritajes y las declaraciones permitieron esclarecer que Gerardo había fallecido antes de su cremación. Aquello alivió una de las angustias más terribles que habían acompañado a su madre