el cuerpo.
Sentí una mano apretándome el tobillo.
—Qué extraño —murmuró Octavio—. Todavía está tibio.
Mi corazón comenzó a golpearme el pecho.
Anselmo respondió inmediatamente:
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—El sistema de refrigeración está fallando. Ya levanté el reporte.
Octavio soltó mi pierna.
Entonces Leticia preguntó algo que terminó de destruirme.
—¿Encontraste la copa?
—No. Los meseros retiraron todo.
—¡Te dije que esa copa tenía que desaparecer!
Hubo un silencio.
—Cuando esté convertido en cenizas, nadie podrá demostrar nada —contestó Octavio.
Comprendí que aquel brindis no había sido una