salir de aquí con las cenizas de otro esposo.
Lo miré sin comprender.
—¿Otro esposo?
—Se llamaba Gerardo. Tenía un taller mecánico y acababa de casarse. Lo trajeron de madrugada, igual que a usted. La viuda exigió cremarlo inmediatamente. Venía acompañada de un hombre que decía ser su hermano.
—Octavio…
—Entonces utilizaba otro nombre, pero estoy seguro de que era él.
Anselmo explicó que había visto moverse un dedo de Gerardo mientras preparaban su cuerpo. Avisó a sus superiores, pero nadie le creyó porque en aquella época tenía problemas con