Mi hermana le quemó la cara a mi hija de 14 años con una taza de té durante su boda y luego aseguró que había sido un accidente. “No exageres, es tu hermana”, me dijo mi madre delante de los invitados. Sin responder, llevé a mi hija al hospital. Cuando el médico vio las marcas escondidas bajo su cabello, pidió que cerraran la puerta y me hizo una pregunta que jamás imaginé escuchar…

dijo que si hablaba, iba a acusarme de robar su pulsera. Pensé que solamente quería asustarme.

Ahora comprendía la marca en su mejilla, el encaje roto de Mariana y la desesperación de Ricardo por conseguir aquel teléfono.

El médico nos explicó que debía documentar las lesiones y dar aviso a las autoridades por tratarse de una menor.

—Haga lo que corresponda, doctor —respondí.

Mi madre, que acababa de llegar al hospital, escuchó la conversación.

—¡Elena, no puedes denunciar a tu propia hermana!

La miré fijamente.

—¿Escuchaste lo que acaba de