que Valeria había provocado el incidente.
Aseguraba que yo estaba utilizando a mi hija para vengarme de Ricardo.
Algunos parientes me llamaron para pedirme que retirara la denuncia.
—Es tu hermana, Elena. Todos cometemos errores.
Siempre respondía lo mismo:
—Un error no consiste en amenazar a una niña y quemarle el rostro para esconder una infidelidad.
Un día, Mariana apareció en nuestra casa.
Valeria estaba haciendo tarea cuando escuchó su voz detrás de la puerta.
—Elena, abre. Necesitamos hablar.
—No tienes nada que hacer aquí.
—¡Por tu culpa Mauricio quiere