si no hubiera tenido esa grabación, ¿me habrías creído?
Sentí que aquella pregunta me atravesaba el corazón.
Me senté junto a ella.
—Quisiera decirte que siempre supe escucharte bien, pero no sería verdad. Cuando me dijiste que no querías ir a la boda, debí preguntarte qué estaba pasando. Cuando me dijiste que tenías miedo, debí tomarte en serio.
Mi hija me miró en silencio.
—Pero quiero que sepas algo —continué—. Nunca más tendrás que demostrarme que mereces ser escuchada. Y si alguien te hace daño, aunque sea de nuestra propia