la boda de tu tía.
—¿Y eso significa que tengo que quererla?
Su respuesta me desconcertó.
Insistí durante varios días hasta que finalmente aceptó, aunque sin entusiasmo.
Una semana antes de la ceremonia, me preguntó:
—Mamá, ¿mi papá estará en la boda?
—No lo creo, hija. ¿Por qué tendría que estar?
Valeria bajó la mirada.
—Porque hay cosas que todavía no sabes.
Intenté hacerla hablar, pero guardó silencio.
La mañana de la boda, cuando llegamos al jardín, vi a Ricardo conversando tranquilamente con el novio.
Sentí un nudo en el