estómago.
Pero lo que verdaderamente me asustó fue la reacción de Valeria.
Mi hija se puso pálida, apretó mi mano y susurró:
—Mamá, tenemos que irnos. Si te quedas aquí, vas a descubrir por qué papá realmente nos abandonó.
PARTE 2
Quise detenerme y preguntarle qué significaban sus palabras, pero Mariana apareció acompañada de mi madre.
—¡Hermanita! Qué bueno que llegaron. Pensé que iban a dejarme plantada.
La abracé por compromiso y señalé discretamente a Ricardo.
—¿Por qué lo invitaste?
—Mauricio quiso que viniera. Se conocen por asuntos de trabajo.