era él siempre.
Ahora, por primera vez, vi algo distinto. No estaba presentando a su hijo.
Estaba presentando lo que tenía para ofrecer a cambio del dinero.
Me quedé en el cuarto de los trastos hasta la mañana.
No estuve leyendo todo el tiempo.
A veces, dejaba los papeles sobre el regazo y me quedaba mirando la pared.
Desde la cocina llegaba el sonido de un reloj.
A Stoyanka le encantaba ese reloj. Si alguna vez se detenía, insistía en que lo arreglara