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Si sacaba a relucir la idea de ganarme la vida de otra forma, ella cortaba la conversación.
«Aquí hay trabajo que hacer».
Una vez, delante de dos vecinos, dijo:
«Si no fuera por esta casa, seguirías siendo una carga paratu padre».
No le
respondí. Los vecinos bajaron la mirada hacia el suelo.
Aquella noche, llamó a mi puerta y dejó un tazón de sopa.
No se disculpó.
No le di las gracias.
El arcón había estado en el cuarto