“¡Se casó con mi papá para robarnos la herencia!”, gritó mi cuñada cuando encontró a su padre inconsciente junto a la caja fuerte abierta. Mi marido y yo habíamos organizado una pequeña boda para nuestro suegro de 70 años y su nueva esposa, veinte años menor, porque él ya no soportaba la soledad. Yo revisé las cámaras antes de acusar a nadie. Lo que apareció en esos nueve minutos cambió todas nuestras sospechas.

9:17 de la noche apareció Ricardo subiendo solo hacia la recámara.

Nueve minutos después salió, miró directamente a la cámara y la giró bruscamente.

Sentí que se me helaba la sangre.

Recordé su petición de hipotecar la casa y las deudas que estaba ocultando.

Guardé una copia de la grabación y regresé al hospital.

—Ricardo, ¿por qué moviste la cámara anoche?

Él palideció.

—Pensé que estaba grabando dentro del cuarto. Me pareció una falta de respeto.

—¿Y por qué subiste?

—Para contestar una llamada. Abajo había mucho ruido.

Mostré