el video.
Patricia observó a su esposo sin pestañear.
—¿Por qué nunca me dijiste que habías subido?
—Porque no hice nada malo.
Aquella explicación no convenció a nadie.
Sin embargo, la grabación no mostraba el interior de la habitación. Por sí sola no demostraba quién había abierto la caja fuerte.
Dos días después, don Ernesto regresó a casa.
Entonces ocurrió algo que cambió por completo nuestras sospechas.
Patricia vino a verme llorando.
—Mariana, tengo que confesarte algo.
Me contó que semanas antes había compartido con Ricardo la combinación de la