“¡Se casó con mi papá para robarnos la herencia!”, gritó mi cuñada cuando encontró a su padre inconsciente junto a la caja fuerte abierta. Mi marido y yo habíamos organizado una pequeña boda para nuestro suegro de 70 años y su nueva esposa, veinte años menor, porque él ya no soportaba la soledad. Yo revisé las cámaras antes de acusar a nadie. Lo que apareció en esos nueve minutos cambió todas nuestras sospechas.

caja fuerte.

—Yo solamente quería que revisara si mi papá había puesto las escrituras a nombre de Elena. Le dije que no tocara nada.

Me quedé sin palabras.

—Patricia, ¿le diste acceso a los documentos de tu padre sin pedirle permiso?

—Ricardo es mi esposo. Jamás pensé que pudiera hacer algo así.

Aquella confesión explicaba cómo alguien había podido abrir la caja fuerte sin forzarla.

Pero todavía faltaba demostrar qué había sucedido con las escrituras.

Cuatro días después, cuando estábamos desayunando con don Ernesto, tocaron el timbre.

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