caja fuerte.
—Yo solamente quería que revisara si mi papá había puesto las escrituras a nombre de Elena. Le dije que no tocara nada.
Me quedé sin palabras.
—Patricia, ¿le diste acceso a los documentos de tu padre sin pedirle permiso?
—Ricardo es mi esposo. Jamás pensé que pudiera hacer algo así.
Aquella confesión explicaba cómo alguien había podido abrir la caja fuerte sin forzarla.
Pero todavía faltaba demostrar qué había sucedido con las escrituras.
Cuatro días después, cuando estábamos desayunando con don Ernesto, tocaron el timbre.
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