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embarazo
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Un hombre de unos cincuenta años preguntó por él.
—Soy Salvador. Vengo a hablar sobre la venta de esta propiedad.
Mi suegro frunció el ceño.
—¿Qué venta?
El hombre abrió su portafolio y sacó un expediente.
Encima estaban las escrituras originales de la casa.
—Su yerno me aseguró que usted autorizó la operación. Incluso me entregó una carta con su firma.
Don Ernesto se levantó lentamente.
—Yo jamás he puesto esta casa en venta.
Salvador perdió el color del rostro.
—Entonces tenemos un problema muy grave, porque