a pedirte perdón.
—¿Por darle la clave a Ricardo?
—Por eso y por algo peor. Porque te traté como si ya no pudieras decidir sobre tu propia vida. Me preocupaba tanto perder tu casa que ni siquiera me pregunté si estabas feliz.
—La casa me la dejaron mis padres y he trabajado para mantenerla. Claro que me importa. Pero el día en que ustedes la miren solamente como una herencia, van a olvidarse de que aquí todavía vive una persona.
Patricia lloró sin intentar justificarse. Cuando Elena regresó aquella tarde