para llevarle medicamentos, la encontró esperándola en la cocina.
—Elena, le debo una disculpa. La humillé delante de todos y la acusé sin conocerla. Entendería que no quisiera volver a hablarme.
—Acepto tus disculpas. Pero recuperar la confianza va a llevar tiempo.
—Lo sé. No voy a exigirte que me perdones de un día para otro.
Con los meses, Elena volvió a vivir con don Ernesto. Patricia empezó a visitarlo sin preguntar por sus cuentas, y Daniel comenzó a quedarse para jugar dominó. Ricardo enfrentaba el procedimiento legal y debía